Nuestro manifiesto es un llamado a la memoria y a la acción. Reconocemos las luchas históricas de los pueblos que han resistido frente a las industrias fósiles, y afirmamos que la transición energética debe ser justa, comunitaria e inclusiva.
El fin de la era fósil es urgente y necesario.
La transición debe construirse considerando la voz de las comunidades
La energía no es un privilegio, es un derecho.
El futuro se construye con justicia climática, soberanía energética y respeto a la vida.
Hoy nos reunimos para materializar el fin de una era.
Despedimos lo que destruye, y celebramos lo que protege. Hoy enterramos lo fósil, y levantamos un horizonte compartido.
Aquí yace el tiempo oscuro de los combustibles fósiles, el tiempo del humo, del ruido, de las perforaciones y de la herida profunda en la tierra.
Elevamos y honramos la memoria, de los pueblos que resisten que alzan su voz frente a la devastación, que cuidan el agua, los ríos, las montañas y el aire, cuando la industria les ha arrebatado su futuro.
Este funeral no es silencio: es palabra encendida, es reconocimiento y gratitud, es el inicio de un nuevo ciclo.
Proclamamos que la transición energética no será solo un cambio de tecnologías, sino un acto de justicia y equidad.
Será justa, comunitaria e inclusiva, nacida desde los territorios y desde sus guardianes ancestrales, tejida en la diversidad de quienes sueñan un mañana distinto.
Que las cenizas de lo fósil se conviertan en semilla fértil. Que la muerte de esta era dé paso al renacer de la vida, de un futuro a color.